Yemanjá, reina del mar

Una mañana de Candomblé en Salvador de Bahía
Magia entre arena y vuelo de faldas...

Salvador de Bahía tiene una enorme carga histórica a sus espaldas gracias a su mezcla de culturas. La celebración del Yemanjá es el mejor ejemplo de ello.

Cuando los portugueses arribaron a sus costas allá por el siglo XVI no podían imaginar la espectacular ciudad en la que se convertirían estas playas y acantilados.

Pero la fuerza de este pueblo no la dejaron los portugueses, sino los esclavos africanos que arrastraron con ellos. Hoy en día, el color negro de su piel es mucho menos relevante que la intensidad de sus costumbres y creencias. Los chavales que bailan capoeira, las misas cantadas, los tambores que resuenan por todas partes y el olor característico del aceite con el que se preparan los platos de la gastronomía baiana no dejan duda de las raíces de esta comunidad.

Bailes de raíces africanas dejan claro el origen de este pueblo tan singular.

El Candomblé, religión que se basa en el culto a los Orishas, se siente en cada esquina. Basada en la adoración al alma de la naturaleza, tiene un vínculo especial con los elementos, especialmente el agua.

Figuritas de Yemanjá para poner en el mueble del salón...

El 2 de febrero se celebra en Salvador el culto a la orisha Yemanjá, protectora del mar, la fertilidad y la familia. Durante siglos la iglesia católica prohibió el culto a otros dioses lo que favoreció que Yemanjá fuera representada como la Virgen María. Este día los baianos salen en masa al amanecer para realizar sus ofrendas, casi siempre en forma de flores, ya sea en las iglesias o en la orilla del mar.

Todo preparado para la gran fiesta de Yemanjá.

Gracias a Grasiela, nuestra anfitriona couchsurfer, pudimos disfrutar de este momento mágico. Antes de que despuntara el sol ya nos avisó de que debíamos salir, poco después no se podría caminar por la calle a causa del gentío. Y qué razón tenía. Con mi pañuelo en la cabeza, como una más, salimos toda la “familia” a la playa a realizar nuestras propias ofrendas.

Nicolas, Grasiela y Leo nos llevaron a disfrutar de Yemanjá.

Bailes, cantos, flores, ceremonias… Baños rituales en la playa… Ofrendas pidiendo hijos y dando las gracias por los frutos del mar, de los que Yemanjá es dueña y señora. Y por supuesto después fiesta, que en esta tierra no falta.

Fue una experiencia única, de esas que te dejan los vellos de punta. Así cerramos nuestra visita a Salvador de Bahía, una ciudad que nos enamoró por su autenticidad y que sin duda estamos deseando volver a visitar.

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