Sapa, en las montañas de Vietnam

De paseo entre terrazas de arroz
Las terrazas de arroz hacen el paisaje de Sapa

Subimos a las montañas de Vietnam, donde hay que abrigarse, para ver cómo las montañas no son excusa cuando hay que ingeniárselas al cultivar arroz.

Si nuestro paso por Vietnam lo comenzamos al sur, en la ciudad de Ho Chi Minh, en el extremo opuesto del mapa encontramos Sapa, un pueblo al norte casi fronterizo con China.

Nadie quería establecerse en lo alto de las montañas porque allí la agricultura no era posible, hasta que el pueblo Hmong dijo “¿Cómo que no?”, y sus montañas se convirtieron en cultivos de arroz en terrazas. De hecho, si alguna vez ves alguna foto de Sapa eso será sin duda lo que te enseñarán, arrozales escalonados en terrazas en las laderas de las colinas.

¿Quién dijo que no se podía cultivar en las montañas?

Aquí hemos pasado unos días refrescantes, pues si en el resto del país no hemos hecho más que sudar, en Sapa hemos tenido la suerte de poder sacar el forro polar del fondo de la mochila, algo que no hacíamos desde que dejamos Nueva Zelanda. A sus 1500 metros de altitud Sapa tiende a esconderse entre la niebla y las nubes, con un chispeo de esos finos pero constantes. De vez en cuando encontrar este clima nos hace ilusión, para qué negarlo.

Sapa hace de base para los amantes del trekking en el noroeste de Vietnam y, aunque nació como colonia francesa en 1922, las guerras contra Francia, Estados Unidos y China han ido acabando con ella hasta que el boom del turismo la resucitó. Desde entonces el crecimiento sin control se ha apoderado de sus calles.

Hoy los hoteles se amontonan unos con otros entre restaurantes, centros de masajes, tiendas de souvenirs y tiendas de montaña donde se apilan copias de productos de las mejores marcas internacionales. ¿Quieres un impermeable The North Face con Gore-Tex a buen precio? Tienes todos los que quieras, pero más bien te llevarás un The North Fake…

Arroz a montones. Esta cosecha ya estaba lista para ser recogida.

Nuestro paso por Sapa

Llegamos a Sapa en un bus nocturno desde Hanoi que supuestamente nos dejaría allí por la mañana y…. eeeeeerror, a las 3 de la mañana ya estábamos allí. Fuimos al hotel donde teníamos habitación reservada para el día siguiente a mendigar cobijo y aunque supuestamente estaba lleno encontramos por casualidad una cama en un pequeño zulo donde nos dejaron descansar hasta el día siguiente.

Nuestro primer día en Sapa estuvo pasado por agua, la lluvia no dio tregua, así que aprovechamos para darle un empujón al blog y conocer un poco el pueblo.

No es raro que te pille la lluvia en Sapa. En tal caso... nada mejor que unas boras de agua.

Desde Sapa se pueden hacer varios trekking, de un día, dos, tres, cuatro… lo que quieras y durmiendo en diminutas aldeas. Nosotros con un día ya íbamos bien, sobre todo teniendo en cuenta que no había parado de llover y los barrizales de la zona son famosos por ser de resbalón y culetazo fácil.

Aunque teníamos recomendación de un par de guías locales al final no nos quedó otra que contratar la caminata a través del hotel, que al fin y al cabo ofrecía lo mismo, y a pesar de los intermediarios el precio era similar. Nos decantamos por hacer el trekking más popular, el Sapa – Lao Chai – Ta Van.

No me digáis que las montañas de Sapa no invitan a pasear por ellas.

Trekking Sapa – Lao Chai – Ta Van

La lluvia nos da una tregua y a las 9:30 de la mañana estaba la guía en la puerta del hotel esperándonos. Bueno, ella y unas 8 mujeres locales más, con sus pintorescos atuendos regionales, que acompañarían al grupo durante el camino. Sabíamos de qué iba la cosa, su plan estaba claro, se harían nuestras amigas y nos ayudarían a lo largo de la caminata, y al final nos tocaría lidiar con ellas cuando sacaran toda su artillería para que le compráramos algo de su artesanía. Estábamos haciendo una turistada y éramos conscientes de ello, pero ya no había escapatoria. Durante los cinco primeros minutos de ruta cada mujer busca y fija su presa para convertirse en su sombra hasta el final del día.

El camino tiene algunos tramos fáciles, con senderos cómodos desde los que contemplar a gusto todo el valle y sus arrozales, y otros de bastante pendiente y dificultad por culpa de un barro muy arcilloso que resbala como él solo. Las caídas estaban aseguradas ¡pero no! porque ahí estaban las mujeres locales para darte la mano y ayudarte a pasar. Su plan estaba en marcha y estaba funcionando, ya nos sentimos en deuda con ellas y no habíamos hecho más que empezar.

Mujeres y chicas locales que nos acompañaron todo el camino.

Nos explican que el arroz en esta época ya está listo para recolectar pero que tienen que esperar a que salga el sol para poder secarlo y así poder almacenarlo. El trabajo es de las mujeres y nuestras nuevas amigas nos cuentan que sus maridos están en casa cuidando de los niños y los animales, y que a veces echan una mano en el campo.

La ruta nos lleva siguiendo el valle a lo largo de 11 km con un desnivel acumulado de bajada de unos 740 metros. Para entonces nuestras zapatillas ya parecen estar hechas de barro…

El terreno estaba impracticable pero con un poco de ayuda todo es más fácil.

Favor por favor

Nuestras nuevas amigas se lo curraron, y mucho. Bueno, al menos la que iba con Candela. En cada zona complicada ahí estaba ella para darle la mano o decirle dónde pisar, había subidas y bajadas embarradas muy empinadas que eran puras pistas de patinaje, y si no hubiera sido por su ayuda podríamos haber terminado hechos unas croquetas. Tendremos barro de Sapa con nosotros para un buen tiempo, pero podría haber sido muchísimo peor.

En Vietnam donde hay arrozales hay búfalos, eso es así.

Llega el almuerzo al final del camino y es momento de devolver la ayuda recibida. Las mujeres sacan sus bolsitas y telas artesanas de sus zurrones de mimbre y empieza la negociación. “200.000 dongs” — “¿200.000? ¿Estamos locos? 100.000 y mucho es” — “OK, ¿150.000?” — “Que no, que no, que eso es un montón, te doy 100.000”. — Y así hasta que tu paciencia no puede más. No nos gusta regatear, pero mucho menos cuando lo haces por comprar algo que no quieres para absolutamente nada y tu única intención es devolver un favor. Cuando parece que llegamos a los 100.000 dongs por una carterita de tela de bordados coloridos aparece la otra chica que nos acompañaba “Eh ¿y yo?”, y vuelta a empezar… Conclusión: dos bolsitas de colores después y 200.000 dongs menos en nuestras carteras parece que se dan por contentas y, las que habían sido nuestras mejores amigas durante las últimas 4 horas, se dan la vuelta y se van. Ya no éramos de interés.

A pesar de estas cosas que persiguen al extranjero en Vietnam y en tantísimos otros sitios del mundo pensamos que Sapa es un punto clave en la hoja de ruta de cualquier viajero. Sus paisajes, sus colores, sus ríos, sus arrozales y sus gentes lo hacen completamente distinto al Vietnam que todos tenemos en la cabeza. Si además quieres pasar unos días huyendo del calor y disfrutar de un clima de montaña a 20 grados ¡Es perfecto!

Es difícil que puedas escapar de la artesanía de Sapa, sus mujeres no paran de trabajarlas ni por un instante.
INFO ÚTIL
  • Dónde dormir: Stunning View Hotel, (17€) con un buen desayuno buffet incluido y calefacción en las habitaciones (¡Sí, hemos dicho calefacción!). Nos acogieron en nuestra llegada inesperada a las 3 de la madrugada y no nos cobraron esa noche, un grandísimo detalle. En Sapa los precios son algo más altos que en el resto del país, eso sí.
  • Cómo hacer el trekking: Lo puedes hacer con guía oficial, con guía no oficial o directamente por tu cuenta. Las guías no oficiales se ofrecen a los viajeros tal como se bajan del autobús al llegar (salvo si llegas de madrugada…) y tienen la ventaja de dedicarse solamente a ti y no llevan adosadas otras caza turistas como en nuestro caso. Por 15$ te acompañan y comes en su casa. Nosotros pagamos lo mismo por la oficial con también almuerzo incluido.
  • Alquiler de botas: Si ha llovido y el terreno puede estar embarrado cabe la posibilidad de alquilar botas de agua en Sapa antes de salir. Te lo recomendamos, nosotros no lo hicimos y no tardamos en arrepentirnos, y nuestras zapatillas de trekking más.

En serio, si ha llovido… alquila unas botas de agua ¡Ni lo dudes!

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