Lanzarote: Las 9 sorpresas de la isla de los volcanes

Cactus Volcán Lanzarote

Lanzarote es una caja de sorpresas. Una muy grande y poco valorada. Nuestro primer viaje a esta isla volcánica nos ha dejado prendados y te vamos a contar por qué.Es probable que tú hayas visitado la isla y hayas caído rendido a sus pies. O puede que, como nosotros, nunca hayas estado y pienses que es una “de las islas Canarias”, así, en general. Pues no dejes de leer, porque si te gusta recordaras momentos de ensueño y si no has puesto aún tus pies en ella te avisamos de que vas a tardar poco en lanzarte a buscar un vuelo para adentrarte en ella.

En nuestro afán por visitar los rincones más bonitos de España llegamos a Lanzarote un poco por casualidad. En uno de mis arrebatos viajeros, ahora que no podemos vivir viajando como durante nuestra vuelta al mundo, de vez en cuando compro vuelos baratos, de esos que no pasa nada si finalmente no puedes coger. Por 40€ ida y vuelta, Roberto y yo podríamos pasar una semana en una de las islas afortunadas en pleno mes de noviembre. Tentador, ¿verdad?

Pues así fue como llegamos a Lanzarote. Y así fue como nos enamoramos perdidamente de este trocito de paraíso lunar. Aquí te dejo 9 motivos, extremadamente resumidos, por los que Lanzarote nos pareció una sorpresa que nadie debería perderse.

1. Conocer la obra de César Manrique

Quizás seas más culto que nosotros y lo que estoy a punto de decir te provoque una urticaria pero, asumámoslo, no teníamos ni idea de quién era César Manrique antes de preparar el viaje a Lanzarote. Una vez rasgadas las vestiduras, hemos de reconocer que las obras de este artista lanzaroteño nos han dejado con la boca abierta una detrás de otra.

Manrique fue pintor, escultor, diseñador… un artista en toda regla. Viajó para abrir su mente pero acabó volviendo a su isla natal con el objetivo de mostrarle al mundo la belleza de su tierra. Nosotros hoy lo admiramos por su capacidad para mezclar la arquitectura con la naturaleza árida de Lanzarote creando así construcciones tan magníficas como el auditorio de los Jameos del Agua, el Mirador del Río o su propia casa, hoy convertida en la Fundación César Manrique.

Lanzarote Casa Fundación César Manrique
Manrique construyó el jardín de su casa en uno de los jameos de su finca, ¡impresionante!

2. Pedir pescado y papas con mojo en todos los restaurantes que puedas

En Lanzarote nos hemos puesto de productos del mar hasta las orejas. Viejita, cherne, bocinegro, lapas, morena… Posiblemente no te sonarán los nombres de los pescados, pero ni falta que hace, el producto local está buenísimo y sólo tendrás que dejarte aconsejar según la pesca del día. ¡Una excelente inversión para la salud de tu cerebro viajero!

Pero nuestra pasión, sin lugar a dudas, son las papas con mojos. En cada restaurante te servirán sus mojos con pan nada más sentarte, ¡algo totalmente peligroso si vas con mucha hambre! Aunque como mejor están es con papas arrugadas, no cabe duda. Te retamos a que encuentres dos mojos iguales: como las buenas recetas caseras, cada cual lo hace a su estilo y eso lo hace aún más apetitosos. ¿Picante? ¿De cilantro? ¿Más espesito? Una de esas recetas que bien deberíamos incluir en nuestros menús diarios.

Papas con Mojo en Lanzarote
Unas papitas, unos buenos mojos y un exquisito vino de la isla ¿Se te ocurre un plan mejor?

3. Flipar con los campos de lava del Parque Nacional Timanfaya

El Parque Nacional Timanfaya es de los más visitados de España y cuando pones un pie en él descubres por qué. Las erupciones de 1730, 1736 y 1824 modificaron el perfil de la isla dibujando sobre ella volcanes nuevos y mares de lava que atraviesan el horizonte. La ausencia de vegetación, más allá de unos cuantos líquenes, ofrece un panorama que nunca antes habíamos visto. Quizás por novedoso nos pareció tan atractivo, pero lo recomendamos sin dudarlo.

Aunque pienses que el paseo en guagua es una guirada total, no dejes de hacerlo. Las fotos serán horribles, no podrás bajarte del bus e irás rodeado de nórdicos en pantalón corto, pero el recorrido está diseñado con mimo y nosotros, después de haber recorrido ya toda la isla, nos quedamos embobadísimos.

Campo de Lava Lanzarote
Desde el Centro de Interpretación de Mancha Blanca las vistas del mar de lava dejan sin aliento.

4. Bajar a saludar a las viejitas que habitan el fondo del mar

Si nos conoces un poco sabrás que nos encanta bucear y que durante nuestra vuelta al mundo intentamos conocer tantos fondos marinos como pudimos permitirnos. Enfundarnos un neopreno gordito, colocarnos toda la parafernalia y sentir que “volamos” a 20 metros de profundidad era una de nuestras actividades previstas en Lanzarote.

Disfrutamos como enanos viendo meros gigantes, sepias, pececitos de mil formas y tamaños, viejas de colores… una cantidad de vida que no nos esperábamos y nos flipó (y eso que nos fallaron los chuchos y los tiburones angelotes, que siempre andan merodeando por estas aguas).

¿Pero sabes lo mejor? Que incluso si no eres buzo, ¡muchísimos de estos animalillos se ven haciendo snorkel desde las playas! Era graciosa la situación, nosotros equipados hasta las cejas y dos metros por encima la gente tan pichi en bañador viendo los mismos bichillos acuáticos que nosotros.

Buceo en Lanzarote y La Graciosa
No lo pudimos evitar, nos sumergimos tanto en Lanzarote como en La Graciosa y salimos sorprendidos con la cantidad de vida que allí encontramos.

5. Recorrer, al menos, uno de sus volcanes

Apenas te bajas del avión, recoges tu coche de alquiler y te alejas unos pocos kilómetros del aeropuerto los volcanes empiezan a salir como setas a tu alrededor. A izquierda, a derecha, delante, un poco más allá… Perdimos la cuenta de cuántos conos volcánicos nos rodearon durante nuestra semana en Lanzarote.

Sin embargo, no sientes la inmensidad geológica que desprenden hasta que no te acercas a uno de ellos. El Cuervo, Termesana, Caldera Blanca… cualquiera de ellos (o decenas más) te servirán para conocer sus entrañas, palpar su ceniza, descubrir sus recovecos… En definitiva, sentirte más cerca del origen del mundo.

Volcán Campo de Lava Lanzarote
En Lanzarote mires donde mires te encuentras un volcán, y oye, te enamora.

6. Desconectar del mundanal ruido en La Graciosa

Apenas a media hora de Lanzarote se encuentra La Graciosa, la única isla habitada del Archipiélago Chinijo. Sus mejores vistas son desde El Mirador del Río, al borde del Risco de Famara, en Lanzarote. Sin embargo, cruzar hasta ella es una experiencia imprescindible.

Te recibe una caleta preciosa, con sus casas blanqueadas y su gente hiperamable. Sus tesoros escondidos son sus playas, un atardecer en Las Conchas, una cena rica tranquila cuando los demás turistas se han ido… Debe ser visitada y, sobre todo, es necesario quedarse allí a dormir para disfrutar del espíritu graciosero.

Vistas Mirado El Río Lanzarote La Graciosa
Atardecer con vistas a La Graciosa desde El Mirador del Río, imprescindibiísimo

7. Beber vino blanco y tener claro de dónde viene

Los conejeros se sienten muy orgullosos de su vino y tú lo gozarás cuando lo bebas por su sabor, pero sobre todo, por su origen. A lo largo de la columna vertebral de Lanzarote, en la zona de La Geria, se alinean conos escarbados en el lapilli (grava fina expulsada por los volcanes) y rodeados por rocas volcánicas. En su interior, como gemas escondidas, las vides y las higueras se protegen del aire y sacan el máximo provecho de un suelo nada fácil de cultivar.

De este ingenioso sistema surgen unos vinos blancos tremendos que a nosotros nos cautivaron. La uva malvasía, bien adaptada al medio, es la más prevalente en la zona. Son muchas las bodegas abiertas al público, algunas desde poco después de las últimas erupciones volcánicas, que ofrecen visitas guiadas para conocer la producción de este tremendo elixir.

La Geria Viñedo Lanzarote
Los vinos de Lanzarote están tremendos, y salen de paisajes tan insólitos como éste de La Geria.

8. Bañarse en noviembre en alguna de sus playas

Canarias es sol y playa, al menos en el imaginario colectivo. Nosotros casi nos vamos de la isla sin pisar su costa más conocida, pero no nos hubiéramos perdonado obviar el Área Protegida Los Ajaches, donde se encuentran las famosas playas de El Papagayo, Punta Mujeres… No fue el día que nos bañamos porque… ¡llovió! Y eso no lo puede decir mucha gente que viaja a Lanzarote, jeje. Aún así, un paraje que merece de sobra una excursión a sus orillas.

Playa Papagayo Lanzarote
Playas de aguas turquesas donde pasar las horas, oye, ¡incluso cuando te llueve!

9. Perderse en sus pintorescas carreteras

Pero si tuviera que elegir una actividad por encima de todas me dedicaría a conducir por Lanzarote. En este caso, dejarme llevar, que el que conduce es Roberto y yo soy la afortunada que disfruta de las vistas.

Desde la obra de Manrique al norte, a los abrumadores volcanes del oeste o a las magníficas playas del sur, pasando por el paisaje agrícola de La Geria. Cada esquinita de Lanzarote nos ha sacado una sonrisa, un suspiro, un “menudo espectáculo de isla y nosotros sin saberlo”. Lanzarote hay que pasearla, hay que comerla, hay que sentir en la piel el salitre, la humedad, el viento que te despeina a todas horas. Enamorados de Lanzarote hemos vuelto, y se nos nota.

Carretera Campo de Lava Lanzarote
Alquílate un coche y piérdete por Lanzarote, no te arrepentirás <3

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