Isla de Pascua, un poco de historia

Enigmática y bella a partes iguales

Isla de Pascua no tiene nada que ver con ninguna otra isla. Su ubicación remota y su misteriosa cultura Rapa Nui hacen de ella un destino imprescindible en nuestro mapa.


Situada en medio de la nada, más concretamente en medio del Pacífico a 3.700 km del punto continental chileno más cercano, – país al que pertenece- , se encuentra Isla de Pascua, una formación volcánica con 3 millones de años de existencia.

Cuando decidimos viajar hasta este punto del mundo no teníamos muy claro qué íbamos a encontrar. En mi caso la mayor parte de mis conocimientos se remontaban a una película de los años 90, Rapa Nui, que Roberto me animó a ver cuando decidimos dar la vuelta al mundo, hace ahora un año. Así que con este batiburrillo de información en la cabeza (ya sabemos todos lo fiables que es la información transmitida desde el cine) llegamos a Isla de Pascua con ansias de aprender todo lo que pudiéramos sobre esta cultura tan desconocida.

Amanece en Tongariki

Amanece en Tongariki

La fundación de isla de Pascua, o Rapa Nui, se remonta al siglo V, aunque son pocos los datos que se tiene a este respecto. Un grupo de navegantes polinesios en busca de tierras que conquistar, con su rey Hatu Matu a la cabeza, arribaron a la playa de Anakena y desde allí se fueron extendiendo por toda la isla, por entonces llena de palmeras. Hoy en día este pueblo es conocido por la tradición de honrar a sus ancestros con la construcción de grandes altares de piedra sobre los que colocaron estatuas megalíticas, conocidas como Moai Aringa Ora (“rostro vivo de los ancestros”), que representaban a estos personajes influyentes de la sociedad Rapa Nui. No eran considerados dioses como podríamos pensar, aunque sí se les atribuía la capacidad de cuidar a sus descendientes a través del mana o poder espiritual, motivo por el que eran construidos mirando hacia los pueblos y no hacia el mar (con una excepción).

Los 15 de Tongariki

Los 15 de Tongariki

Durante más de 1.000 años esta tradición se mantuvo e incluso se fueron mejorando los moáis, pasando de medir poco más de un metro hasta 21, el mayor conocido, aunque no llegó a salir de la cantera donde se tallaban. Sólo poder disfrutar de las múltiples esculturas que hay dispersas por la isla es ya en sí un placer, pero si nos acercamos a Rano Raraku, la cantera donde los construían, nos encontramos con cientos de moáis de pie a medio construir, abandonados en los caminos e incluso a medio tallar en la roca. Se podría pasar uno allí horas, aunque sólo se permite una visita por entrada, una lástima.

Isla de Pascua

Los moais de Anakena

¿Pero qué pasó con los moáis? Con el paso de los siglos la población de la isla fue aumentando y la estructura sociopolítica se hizo más compleja, sin embargo, esto también se relacionó con un deterioro ecológico tan evidente que hizo que se deforestara la isla hasta tal punto que ni siquiera podían construir barcos para salir a pescar. Sin recursos naturales que explotar y completamente aislados del resto de sus vecinos polinésicos, los conflictos internos no tardaron en llegar y el pueblo se levantó contra sus dirigentes y contra los moáis que habían dejado de protegerles, de ahí la destrucción masiva de estas esculturas que acabaron todas en el suelo como símbolo de protesta masiva.

En torno al siglo XVI, la sociedad isleña dio la espalda al megalitismo y se consagró al culto al dios Make – Make, relacionado con la fertilidad y la llegada de la primavera. De este modo surgió el ritual del Hombre – Pájaro o Tangata – Manu, una suerte de competición por el poder entre las 10 tribus que ocupaban la isla. Los nativos lo definen como su primer contacto con la democracia, aunque lejos de tratarse de meter un papelito en una urna los contrincantes participaban en algo parecido a un triatlón en el que debían descender por un acantilado vertiginoso de 300 metros, cruzar a nado hasta el islote de enfrente Motu Nui, atrapar el huevo del primer manutara (un pájaro que sólo acudía para anidar en primavera) y volver al pueblo (creado sólo para la ceremonia) con él intacto. Una odisea, vamos.

Isla de Pascua

La isla de Motu Nui

Hasta el siglo XIX esta fue la forma de gobierno existente en la isla pero, como no podía ser de otra manera, el contacto con navegantes occidentales supuso el fin de esta cultura, su conversión al cristianismo y su cataclismo como sociedad. A partir de esta fecha fueron esclavizados, contrajeron enfermedades para ellos desconocidas y su población se vio diezmada hasta el punto que apenas quedaron un centenar de rapanuis para contar la historia de su pueblo.

Cuesta creer que hasta finales del siglo XX nadie se preocupara por restaurar estas maravillas, sin embargo hubo que esperar a la ayuda extranjera para que hoy podamos disfrutar de algunos Ahu en pie. Queda claro que este pueblo tiene aún mucho que averiguar sobre sí mismo para que los demás podamos llegar a conocerlos a fondo.

Hasta aquí el contexto histórico (denso, lo sé). Pero quizá te interese más ¿Qué es Isla de Pascua para nosotros? ¡Te lo contamos!

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