Buenos Aires, toma de contacto

Apenas me he ido y ya quiero volver...

La capital de Argentina acoge a los viajeros con los brazos abiertos ¡Y nosotros estábamos deseando dejarnos abrazar! Una ciudad que siempre deja con ganas de más.

Dejamos atrás la turística ciudad de Puerto Iguazú (lo de que no haya autobuses al aeropuerto me ha impactado) con el rugir de las cataratas aún en nuestros oídos y volamos a Buenos Aires.

Nos recibe fresca y se agradece, suficiente calor hemos pasado ya estos días atrás. Gracias a Alejandro (un primo sevillano de Roberto que con sus “acás” empieza a tener acento argentino) nos alojaremos en uno de los barrios con más vida y mejor conectados de la ciudad, Palermo. Nuestra entrada gastronómica es triunfal, empezamos comiendo pizza y pasta a un precio ridículo, sin saber aún que la “muzzarella” fundiéndose va a ser un continuo de nuestros platos.

Apenas unas horas después de haber aterrizado, como para abrir boca de lo que nos espera, Alejandro nos lleva a un mítico tugurio con mucho encanto llamado La Catedral del Tango donde por 50 pesos (oferta 2×1) puedes empezar a mover los pies a ritmo de tango. En nuestro caso sólo fuimos a mirar, pero también ofrecen clases para varios niveles. ¡Tan hipnotizante es ver a los “pros” bailar como divertido ver a los “guiris” intentar pillar los pasos básicos! Para la próxima conseguiré convencer a Roberto, que en el fondo sé que le gusta bailar… 😉

Congreso de Buenos AiresPara los próximos días con ayuda de Alejandro organizamos las visitas por barrios. Lo primero y principal, comprar la tarjeta SUBE (30 pesos, sin recargar, se puede utilizar para más de una persona) que te permite utilizar el colectivo (bus) y el subte (metro) y descargar la aplicación  BA Cómo llego para el móvil. Como bien recuerda un cartel en cada colectivo, el transporte está subsidiado, por lo que por 3-5 pesos consigues moverte por la ciudad cómodamente. La verdad es que la red y la frecuencia del transporte es asombrosa, ¡acá no saben qué es esperar el autobús!

Otra de las cosas que nos preocupaba era el cambio BLUE, algo que no terminábamos de entender bien y que actualmente no tiene ya tanta importancia. Desde diciembre de 2015, tras las últimas elecciones, los argentinos pueden cambiar pesos a euros por lo que éstos últimos ya no son tan ansiados en el mercado negro. Así que nos hemos saltado esa excursión a la calle Florida, donde aún siguen pregonando “cambio, cambio” a cada turista que se acerca. Hacer negocio nunca ha sido mi fuerte…

Buenos Aires Free Walks

Para abrir boca y empaparse de la historia porteña, sin duda mi recomendación es comenzar el primer día con un tour guiado por la ciudad. Nosotros probamos con Buenos Aires Free Walks y tuvimos la suerte de encontrarnos con Maru, una estudiante de historia que vive lo que cuenta y lo hace rapidísimo (un honor conocer a alguien que habla más rápido que yo, ¡aún!). Con ella entendimos lo bonito que es pronunciar una elle con ganas, de esa forma que sólo por esta zona saben hacerlo. Tanto nos gustó que hicimos el tour del centro de la ciudad y al día siguiente repetimos con ella en el tour del barrio de Recoleta. Cada día me gusta más el concepto de tour gratuito, los guías se esfuerzan muchísimo y de verdad te hacen disfrutar del paseo. Al finalizar se espera que valores su trabajo y les estreguen propina, dinero que en nuestro caso salió del bolsillo muy gustosamente.

Tras una introducción sobre la situación política y económica de Argentina desde su fundación hasta el día de hoy, comenzamos un agradable paseo (el fresquito y a veces el nublado nos vino genial)  desde el Congreso hasta la Casa Rosada a través de la avenida de Mayo. La avenida 9 de julio y sus 110 metros de ancho, el café Tortoni (lugar de encuentro de escritores y músicos de renombre), el obelisco, el palacio Barolo (inspirado en La Divina Comedia de Gante), la manzana de las luces, el Cabildo (ese edificio que aquí los niños dibujan hasta la saciedad, como en Andalucía la bandera y el escudo con Hércules y los leones)… Unas 3 horas que a decir verdad se pasan volando.

Plaza de Mayo y la Casa Rosada

Después de tanto conocimiento el hambre pasa a ser atroz y las ofertas de empanadas y pizzas te llaman desde cada esquina. Optamos por hacer parte del tour de las pizzerías históricas que recorren la avenida Corrientes, influencia italiana más que presente. Fugazzeta, muzzarella, fainá… ¡una delicia!

Ya de vuelta, totalmente por casualidad, pasamos por delante del teatro nacional Cervantes. Gente en la puerta, precioso edificio (supimos después que fue inaugurado en 1921 gracias al empeño de una pareja de teatreros españoles) y precios irrisorios. Por 150 pesos entre los dos disfrutamos en platea de un “folletín novelesco” basado en la vida del legendario gaucho Juan Moreira, personaje bonaerense del siglo XIX. Música, baile, folclore, copla y acentos imposibles para una inesperada velada de viernes.

Avenida 9 de julio, Buenos Aires

El sábado amanece soleado y pronto vivimos nuestra primera anécdota del día. En los alrededores de la plaza de Tribunales entramos a desayunar en un bar rancio donde un señor lee la prensa mientras otros dos juegan a las cartas. Intentando pedir un colacao con medias lunas descubro qué es un submarino de la mano de José, un gallego que se embarcó desde Santiago de Compostela en diciembre de 1949 y desde entonces no ha dejado Buenos Aires. Una pena que tuviéramos prisa, nos podríamos haber pasado allí la mañana escuchando batallitas.

El segundo tour por la ciudad abarca principalmente los barrios de Retiro y Recoleta. Desde el teatro Colón a la plaza San Martín nos entrometemos en la vida más burguesa y social de Buenos Aires. Cotilleos, rencillas, muchos palacios “aristocráticos” ahora reconvertidos en embajadas y ministerios. El final, como no podía ser de otra manera, en el cementerio de Recoleta, donde descansan todos los líderes políticos y familias de renombre de los que nos habían hablado durante la mañana e, irónicamente, también Eva Perón.

Tumba Eva Perón, Buenos Aires

Como colofón, una visita guiada por el Colón, uno de los teatros con mejor acústica del mundo, para bien y para mal, según Pavarotti. Mármoles, dorados y terciopelos venidos de Europa te trasportan a épocas donde lo importante era socializar y la música algo secundario. Muy recomendable. Ahora al ser verano no había comenzado la temporada, pero seguro que en nuestra próxima visita nos traeremos las vestimentas de gala para asistir a algún espectáculo.

Teatro Colón, Buenos Aires

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